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Importancia de la familia [Padres]

septiembre 30, 2013 en Blog, Papás por Editorial

Adicionalmente a la carga genética son las competencias parentales las que en buena medida determinan la adquisición de ciertas características y conductas de los hijos. Es decir, que los buenos tratos  en la infancia promueven un buen crecimiento dependerán de las habilidades de los padres. Nos referimos como competencias a la capacidad de cuidar, proteger y educar a los hijos. Estas acciones constituyen la llamada parentalidad social, ya que la biológica se refiere a la posibilidad de procrear. Pero bien sabemos que es padre el que cría, no el que solo engendra.

Para cumplir con este rol se deben tener características fundamentales que te ayuden a cumplir el papel de padre. En primer lugar, encontramos la capacidad de apego, esta se refiere a la habilidad para establecer un vínculo afectivo. Puedes leer más acerca del apego aquí Como segundo punto está la empatía, la cual es la función de percibir el estado emocional interno de los hijos, así como su comprensión. Finalmente, se encuentra la participación en los grupos sociales para pedir, aportar y recibir ayuda de por ejemplo familiares, amigos, compañeros del trabajo, instituciones como escuelas, hospitales y demás.

Entonces, el desafío de ser padre consiste en cumplir con toda la responsabilidad que involucra, sobre todo con las tres necesidades  que son: nutrición, socialización y educación. Como abordamos en la importancia de la familia unos padres nutridores además de proveerte de todo lo que te hace falta de bebé, como comida, abrigo, protección, son los que te brindan un clima afectivo cálido que sentará las bases de un apego seguro, de la capacidad para establecer relaciones interpersonales adecuadas y conductas futuras. Por lo tanto, aunado a las otras dos premisas, en conjunto los padres son quienes ayudarán a construir una imagen de si mismo a su hijo, así como su identidad a través de experiencias que lo conduzcan a esto. De la misma forma, mediante su educación aprende patrones de comunicación, de límites intrapersonales, de auto control, de expresión de emociones, entre otros; los cuales están determinados por los modelos parentales y la ayuda de éstos en la vida.

El cumplimiento de todas estas obligaciones emocionales conllevan a una parentalidad sana y competente que brinda al niño la oportunidad de construir su desarrollo con base en un apego seguro. De la misma forma, el conducirse con sabiduría emocional hacia el pequeño estimula un despliegue cognitivo y afectivo que tiene como base el pensamiento crítico y reflexivo. Desde una infancia temprana hay que basar nuestros modelos de enseñanza en la confianza y la empatía para poder lograr en un futuro participar en prácticas sociales y familiares solidarias y altruistas.

 

Te dejamos este test para que evalúes si has cumplido hasta ahora con el desafío de ser padre cariñoso y asertivo o podrías mejorar. TEST https://testmoz.com/176508/

 

Referencias:

Barudy, J., (2007) Los buenos tratos a la infancia: parentalidad, apego y resiliencia, Ed. gedisa, Barcelona.

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Importancia de la familia

septiembre 30, 2013 en Blog, Todos por Editorial

La familia es el lugar donde se crean las personas. Los adultos son los encargados de formar seres humanos y aspectos vitales de los mismos como la autoestima, los patrones de comunicación, la estructura y el enlace con la sociedad. Si alguna de estas características falla, se ocasiona una problemática familiar. Estos puntos son básicos y cuando la fórmula es disfuncional se aprecia el origen de cualquier problema en todos los tipos de familia, ya sea monoparental, reconstituida, extensa, nuclear, etc.

El concepto tradicional de familia es el de un conjunto de personas donde puedan encontrarse: el amor, la comprensión y el apoyo. Debe ser un espacio donde encontrar nuevas energías cuando uno se siente agotado y para enfrentarse al mundo exterior. A esta concepción le podemos denominar familia nutridora (Virginia Satir, 1989). El ambiente de este tipo de familia es de vitalidad, sinceridad y amor. En este tipo de familia hay una comunicación abierta, interés en escuchar al otro y la posibilidad de expresar desacuerdos sin miedo.

Por el otro lado, una familia conflictiva está repleta de patrones de comunicación inadecuados como los secretos, lejanía en las actividades, frialdad, etc. Asimismo, es común que en este tipo de familia haya personas con padecimientos físicos debido a la tensión en la que se vive. Evidentemente allí no existe la capacidad de escucha activa ni asertiva, lo cual genera pocas o negativas reacciones emocionales. Por lo tanto, es común que exista desesperanza, desolación y soledad en los miembros de este tipo de familias.

Desgraciadamente, los malos tratos por parte de la familia (abusos, golpes, violencia psicológica, desatención, etc) provocan daños graves aunque no siempre sean visibles. Entre las consecuencias más frecuentes podemos encontrar trastornos del apego, de la socialización, de estrés, baja autoestima, depresión, entre otros. Si los niños no reciben protección oportuna o tratamiento para reparar estas acciones existe una gran probabilidad que en la adolescencia negativa estos sentimientos acumulados se expresen mediante violencia, agresividad, delincuencia, abusos sexuales, de sustancias, por mencionar algunas conductas. Adicionalmente, en la familia se aprenden patrones que se repetirán en la propia familia, es decir, si se vivió en un ambiente de violencia hacia la mujer, lo más probable es que se repita la misma situación.

En conclusión, las familias conflictivas forman personas conflictivas y contribuyen así al desempleo, crimen, a la enfermedad mental, a la juventud enajenada y demás problemas sociales. Si dedicamos un poco más de esfuerzo a una buena crianza de los niños, se pueden prevenir muchos de los problemas actuales y fomentar valores humanos.

Referencias:

Satir, V., (1978) Relaciones Humanas en el Núcleo Familiar, Ed. Pax México, Argentina.

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Aprendiendo cómo preguntarle a los niños

septiembre 27, 2013 en Blog, Todos por Editorial

Como ya se ha abordado en la importancia de la comunicación esta es vital para generar una relación de confianza, misma que te servirá de base para inculcarle valores a tus hijos, estudiantes, pacientes y a través de la misma reparar situaciones que disminuyen la probabilidad de incidencia en factores de riesgo. Como niños, en ocasiones resulta difícil que ellos mismos se acerquen a contarte sus problemas porque no están acostumbrados a usar el mismo lenguaje ni la misma forma de comunicación usual. Recordemos que el medio que utilizan para expresarse es el juego. Por lo que, nosotros como adultos, debemos aprender como aproximarnos a ellos.

Para esto, haremos uso de las preguntas. Existen diversos tipos de preguntas desde las cerradas que sólo dan dos opciones de respuesta como “sí” o “no”, “blanco” o “negro”, etc; hasta las abiertas, donde cada uno se puede explayar contando el número de detalles que desee. Asimismo, encontramos las preguntas sugestivas, que inducen una respuesta, usualmente un juicio de valor y deben ser usadas con cuidado. Las repreguntas que acogen una observación como una imprecisión, o ahondar más en el tema. Aquí algunos ejemplos:

 

Pregunta sugestiva: ¿Te estás divirtiendo con Juan, no? Veo que sonríes mucho

Repregunta: ¿Se meten contigo quiere decir que te molestan?

 

Otro tipo de preguntas que utilizan ¿qué, por qué, cómo…? son de un nivel más avanzado. Por lo que, se necesita un nivel neurológico y lingüístico amplio para que puedan ser respondidas. Es decir, no es recomendable usarlas con niños pequeños, sino aproximadamente a partir de los 4 y 5 años. Esto es dependiendo de la edad de la madurez del niño, por ejemplo un pequeño puede tener el desarrollo del lenguaje de 6 años, pero el ámbito neurológico de 4 años o viceversa. Para determinar la edad de su desenvolvimiento basta con hacerle algunas preguntas base como orientación, tiempo, espacio, para observar su nivel.

De la misma forma, otro tipo de pregunta compleja son las múltiples. Como su nombre lo dice, contiene más de una pregunta; lo cual puede resultar complejo para niños pequeños. El hecho de realizar más de una interrogante a la vez, conlleva como desventaja la pérdida de información, ya que usualmente se centran en responder una. Es mejor preguntar cosa por cosa. Por ejemplo: ¿Qué es lo que te gusta más de ir al cine, o no te gusta ir?

Como hemos comentado, los lapsos de atención de los niños son breves. Por lo que hay que escoger los momentos en los cuales inducir la conversación. Cuando ya la has iniciado pero parece que no están del todo atentos o no te han escuchado, es recomendable señalarlo, es decir: Juanito te pregunté cómo te fue en tu examen, pero parece que no me has escuchado, ¿Te gustaría contarme?

Cuando quieres continuar una conversación, una buena técnica es repetir o resumir la respuesta, lo cual estimule la plática. Por ejemplo: Entonces Sandra y tú jugaron a la casita de muñecas en el recreo. De esta forma, demuestras que estás escuchando y prestando atención, por lo que el niño se siente valorado. De la misma manera, compruebas si has entendido bien o él se ha explicado adecuadamente, en caso negativo, te ayuda a crear orden.

 

Referencias:

Delfos, M., ¿Me escuchas? Cómo conversar con niños de cuatro a doce años, Ed. Bernard Van Leer Foundation, Amsterdam, 2001, 164 pp.

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Enseñando una comunicación asertiva

septiembre 26, 2013 en Blog, Todos por Editorial

La asertividad es un factor escencial para lograr buenas relaciones interpersonales, sobretodo con los hijos. Es una característica que enriquece tus herramientas para comunicarte, establecer límites, ya que es la capacidad de autoafirmación y expresión sincera de mis sentimientos mediante una expresión equilibrada. Es decir, es saber decir lo que te gusta y lo que no, sin enojarte. Asimismo, es vital para la comunicación con los niños, ya que depura la transmisión de información; por ejemplo, sin desacuerdos ni patrones agresivos.

El ser asertivo nos ayuda a tener el control de las situaciones que pueden llegar a ser conflictivas, ya que damos una respuesta honesta y mesurada hacia el otro y también se protegen los derechos de la otra persona y los propios. Asimismo, seguir este estilo de comunicación ayuda a entablar mejores relaciones interpersonales con los demás, a prevenir el estrés por fallas en la comunicación y a promover el respeto propio y la intimidad con los externos. El desarrollo de esta habilidad nos permite actuar de acuerdo a nuestra conveniencia, así como defendernos y no generar angustia innecesaria. Por ejemplo, en el fenómeno del Bullying existe una relación carente de asertividad.

Los niños nacen siendo asertivos por naturaleza, expresan directamente sus necesidades, deseos y sentimientos. Son descriptivos en sus percepciones y opiniones, por lo tanto no generan juicios, sólo describen las conductas. Justo de esta característica, que sea tan famoso el dicho “solo los borrachos y los niños dicen la verdad”. Es cierto hasta que aprenden por modelos familiares, paternos, un mal estilo de comunicación. Es importante resaltar que el simple hecho de ser asertivo no resuelve los conflictos pero sí existe una gran probabilidad de que disminuyan, ya que se establece una comunicación abierta y respetuosa.

Las personas asertivas se expresan por medio de mensajes que inicien con yo, ya que  de esta forma comunican en base a sus valores, pensamientos e ideas. Así se hacen responsables de lo que quieren comunicar, sin echar culpas o hablar de otros, sino de sí mismos. Es sumamente importante enseñar a los niños a comunicarse de esta manera, ya que así sabrán expresar sus necesidades y derechos, solicitar ayuda y decir no sin tener miedo a represalias. Por lo tanto, una comunicación asertiva otorga mayores posibilidades de éxito en las relaciones sociales.

 

Referencias: Smeke, S., Alcanzando la inteligencia emocional, Ed. Ruz, México, 2006, 258 pp.

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La importancia de Escuchar

septiembre 25, 2013 en Blog, Todos por Editorial

Escuchar es parte esencial de la comunicación. Para empezar hay que diferenciar entre oír y escuchar. La primera se refiere solamente a la acción de percibir sonidos, mientras la segunda comprende el proceso de atención y dirección de voluntad hacia un mensaje específico. Vallejo-Nájera en Velasco (2005) lo define así: “Escuchar significa dejarlo todo para prestar atención, emplear oídos y ojos, ir más allá de las palabras, hacerse eco de sentimientos y emociones”. De la misma forma, este proceso involucra el entendimiento de la otra persona, así como la empatía, la capacidad de poder ponerse en el lugar del otro y experimentar lo que esta comunicando.

Contrario a lo que se cree, escuchar es una habilidad muy difícil de aprender. Por lo general, estamos acostumbrados a responder a algún relato con una misma vivencia personal. Por ejemplo, el tan famoso: “yo también…” “a mi también…” “también me…”. Aparentemente, se está respondiendo a un mensaje con alguna situación similar. Sin embargo, se esta dirigiendo la atención a uno mismo. En cambio, en un adecuado proceso de comunicación se involucran aspectos emocionales más profundos como la reciprocidad y empatía. Por lo que, a este proceso se le denomina escucha efectiva, ya que tiene un efecto en el receptor del mensaje.

 

Para ejercer este tipo de escucha, es necesario que adoptes un posición acorde:

  1. Ubícate frente a la persona con la que estás hablando.
  2. Expresa interés con tu lenguaje corporal, por ejemplo: deja de hacer lo que estabas haciendo.
  3. Mira a la persona directamente a los ojos.
  4. Puedes usar expresiones como: ojo, mmm, etc, ah, o nada que parezca que lo estás ignorando.

 

Un nivel más avanzado de escucha, es la activa. Ésta involucra la participación y la devolución al discurso del otro a través de distintas maneras. Por ejemplo, el parafraseo, el cual consiste en repetir lo que se dijo con otras palabras; o la realización de preguntas acerca del tema. Esta modalidad lleva a que la conversación sea fluida con intercambios entre ambos participantes. En ningún momento, se realiza un juicio de valor, se expresa una opinión o interrumpe al emisor. De esta forma, éste último se da cuenta de que existe interés y aceptación real hacia su persona, lo cual facilita ésta dinámica. En el momento de convertir este tipo de escucha a un diálogo se requiere de la asertividad.

 

Referencias:

Velasco, A., Por favor no me griten, Ed. Picolo, México, 2010, 144 pp.

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¿Cómo comunicarte con los niños?

septiembre 24, 2013 en Blog, Todos por Editorial

Ya hemos revisado en qué consiste la comunicación y porqué es tan importante. Ahora te exponemos una serie de consejos que ayudan a mejorar y entablar una comunicación de calidad con los niños. Recuerda que ellos no son como los adultos, por lo que no escuchan ni entienden la forma en que tú te comunicas, ellos usan un lenguaje diferente porque su nivel de compresión es distinto. Para lograr una comunicación completa y totalmente sana con los niños necesitas modificar o pulir la manera usual de como hablar.

  1. Sé claro y preciso: para evitar que en cualquier momento se sientan rechazados o incomprendidos, es decir, al no escucharlos o no permitirles hablar, ya sea por falta de tiempo o interés envías el mensaje de que lo que ellos piensan o sienten no es importante. Cuando los adultos amenazan, dan órdenes tajantes, sermones o chantajes, los niños suelen pensar que no valen nada, que son malos, o que no pueden hacer ciertas cosas. Todos estos pensamientos dañan su autoestima. Aquí tres consejos para que evites caer en esto:
    1. Usa mensajes cortos y claros que comuniquen lo que tú quieres en lugar de echar la culpa o un sermón. Por ejemplo: Yo necesito ayuda para recoger tu cuarto en lugar de Tú eres un desordenado, recoge todo.
    2. Habla con los niños, no hacia ellos. Es decir, propicia que se de un diálogo más que un soliloquio.
  • Evita gritar: Por lo tanto, no se debe gritarles cuando hacen algo mal, puedes revisar nuestra sección de Límites (Redirección) para conocer como lograr que te hagan caso sin caer en extremos violentos, ya sea físicos o emocionales. Una buena comunicación es el pilar de una buena relación, si ésta se fractura las consecuencias pueden derivar en conductas inapropiadas de los hijos. En ocasiones, cuando nos enojamos solemos gritar y retirarles el habla a los pequeños. La “Ley del Miedo” lo único que se logra con eso es abrir más la brecha entre ambos a causa de una discusión y envías el mensaje de que no es posible arreglar los conflictos a través de hablar. Muchos personas piensan que de esta forma van a lograr que los hijos entiendan que su comportamiento estuvo mal. Al contrario de lo deseado, sólo se aumenta el enojo, el coraje y la frustración, incluso alimentando resentimiento o creando un sentimiento. SIEMPRE hay que dialogar y tratar de solucionar cualquier asunto, no importa el tamaño del mismo, ayudando al niño a reflexionar en torno a su conducta y consecuencias.
  • Entabla una relación fluida. Si tu niño no quiere hablar, puedes usar frases que abran la plática como “Ya veo” “Cuéntame más” “Oh, de veras?”, etc. De la misma forma,  verbaliza las acciones junto con las emociones, como “Tú estás molesta porque perdiste el juego”.
  • Si tus niños son pequeños, las técnicas para hablar con un niño es la siguiente: tú como adulto debes colocarte en cuclillas para ponerte a su altura, con una sonrisa y algún gesto afectuoso como unas palmadas, un ligero toque, un abrazo que estreche el lazo. Debes de propiciar que los niños siempre se sientan valorados y queridos para lograr una apertura en la comunicación, sin juzgar ni manipular. Manténte sincero, con tacto y sé claro.
  • Habla en positivo no en negativo y utiliza oraciones cortas. En lugar de decir NO hagas tal, mejor di haz esto otro. Por ejemplo, di “camina despacio”, en vez de decir “no corras” o “baja la voz” en lugar de “no grites”.
  • Escucha con paciencia, prestando toda tu atención al niño, incluso si es necesario deja de hacer lo que estabas haciendo, recuerda que es mucho más. Los niños suelen decir todo lo que se les ocurre y no comunicar un mensaje concreto, entiende que es parte de su desarrollo y justo esa espontaneidad y fantasía es lo que los caracteriza.
  • Habla con gentileza y con palabras corteses. Sé más firme en asuntos más importantes.
  • Combina el juego y la conversación, de esta forma el vínculo se genera con más confianza. Además el movimiento disminuye la tensión, esto es más recomendable a estar quietos todo el tiempo. Puedes alternar pláticas breves con momentos de diversión por ejemplo adivinanzas, cuentos, etc.
  • Emplea la comunicación indirecta, haz preguntas de qué pensarán sus amigos acerca de cual o tal tema.
  • Tú mismo puedes iniciar una conversación acerca de tus actividades, incluso si un día estás triste o enojado es importante que lo verbalices (claro, sin entrar en detalles que angustien o confunden a tu hijo). Por ejemplo, si te encuentra llorando puedes decir: yo estoy triste y la gente llora cuando siente tristeza y eso está bien.
  •  

    Aquí un ejemplo para reflexionar:

     

    Mamá está lavando los trastes en la cocina después de la comida y quiere que su hijo se meta a bañar. Por lo que, desde la cocina le grita:

    -¡Hijo, ya métete a bañar!

    El hijo esta viendo la tele y no le hace caso (no está escuchando). Pasan 5 minutos.

    -¡Hijo, es la segunda vez que te digo que te metas a bañar! ¡A la tercera llamada subo!

    El hijo sigue viendo la tv. Pasan 5 minutos más.

    -¡Te dije que te metieras a bañar Juan Ramón! ¡No es posible que no me hagas caso, yo estoy trabajando y tú solo me das problemas, tengo que subir por ti, ya estás grande para meterte a bañar tú solo…!

     

    ¿Qué fue lo que pasó en esta situación?

    No se estableció una comunicación directa. Si le gritas desde la cocina mientras estás haciendo otra cosa, no te va a hacer caso porque no estás entablando una relación estrecha ni directa. En cambio se genera una orden específica, si subes le dedicas un tiempo, le das un ligero toque en la espalda mientras le dices: Voy a estar lavando los trastes, mientras quiero que te metas a bañar por favor.  Llamamos primero su atención, luego generas una orden directa y en positivo es más efectivo que desgastarte y toma menos tiempo hacerlo de esta manera.

     

    Referencias:

    Velasco, A., Por favor no me griten, Ed. Picolo, México, 2010, 144 pp.

    Children’s Administration Office of Child Care Police, Estrategias Exitosas para hablar con los niños, Washington DC.

    Delfos, M., ¿Me escuchas? Cómo conversar con niños de cuatro a doce años, Ed. Bernard Van Leer Foundation, Amsterdam, 2001, 164 pp.

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    ¿Qué es la comunicación?

    septiembre 23, 2013 en Blog, Todos por Editorial

    La comunicación verbal es la herramienta que posee el ser humano por excelencia para establecer relaciones, manifestar lo que piensa, transmitir valores y aprender de una cultura. También, es el medio más importante para educar a los hijos. Una de las características esenciales de la comunicación es el habla, ésta se refiere a la forma de cada quien para darle un significado a su expresión. Es decir, es el conjunto de pinceladas que conforman la manera de hablar de cada uno, por ejemplo, el tono, el volumen, la acentuación emocional y el significado del mensaje.

    En este mismo hablar y expresar va muy de la mano la comunicación no verbal. Ésta se refiere a lo que se manifiesta a través del lenguaje corporal como gestos y movimientos. De hecho, este tipo de comunicación es la primera que desarrollamos y aprendemos; ¿qué es lo que hacemos de bebés cuando tenemos frío, hambre, etc? Exacto! Llorar! Estudios recientes han demostrado que esta forma de comunicación es la más importante en el ser humano, ya que la mente capta e interpreta el lenguaje facial y corporal en un 90% más que las palabras. Por esto es muy importante saber combinarlas y ser congruente entre una y otra. Como se abordó en el tema Límites (Redirección), la forma más efectiva de enseñar es con el ejemplo.

    Aparentemente comunicarse es muy sencillo, sólo debes hacer un uso equilibrado entre las palabras y los movimientos corporales y faciales. Sin embargo, la falta de una enseñanza adecuada nos ha llevado a adquirir patrones de comunicación erróneos, que son la base para malas relaciones interpersonales. Un claro ejemplo que nos ha llegado a pasar a todos, es cuando nos enojamos, en lugar de decir fríamente lo que nos molestó, preferimos guardar silencio u ofender. Así que algo tan fácil como expresar verbalmente una emoción o emociones se torna en una situación muy compleja.

    Dentro de la comunicación siempre se llega a entablar un diálogo, es decir un intercambio mínimo entre dos personas y no sólo comprende el expresar sino también el escuchar (Redirección). Este proceso es vital para cualquier relación social, ya que el fin de la comunicación es entablar relaciones y estrechar lazos. Al comunicarte efectivamente puedes expresar tus emociones, te sientes acompañado y esto produce un gran bienestar.

     

    Referencias:

    Velasco, A., Por favor no me griten, Ed. Picolo, México, 2010, 144 pp.

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    Límites en los Adolescentes

    septiembre 20, 2013 en Blog, Todos por Editorial

    Los límites en los adolescentes pueden resultar un poco más complicados debido a la etapa de transición en la que se encuentran, no son ni niños ni adultos. No pueden ser tratados como niño y hay que darles independencia pero también responsabilidades. El establecimiento de límites depende de como fueron educados y el estilo determinado de disciplina que se siguió. Si ha sido equilibrado puedes estar tranquilo de que lo guiaste hacia la madurez necesaria para que él sepa colocarse la mayor parte de las veces sus propios límites. En cambio, si usaste un método más agresivo o demasiado pasivo puedes tener un trabajo más arduo. Pero no te preocupes! porque todavía estas a tiempo de cambiar!

    Antes que nada, te invitamos a que ubiques si te es sugerible cambiar, en este test:

    ¿Qué tan eficaz es tu disciplina?

     

    1. ¿Tengo que repetir muchas veces una indicación para que mi hijo me haga caso?
    2. ¿Tengo que gritarle para que me obedezca?
    3. ¿Parece que mi hijo tiene más poder que yo?
    4. ¿Cedo demasiado?
    5. ¿Ya intenté todo y sigue haciendo lo indebido?
    6. ¿Mi hijo manifiesta una conducta inhibida o tímida?
    7. ¿Molesta mucho a los demás y muestra conductas crueles?
    8. ¿Estoy teniendo problemas familiares o de pareja por la conducta de mi hijo?
    9. ¿Mi hijo miente mucho?
    10. ¿Me tiene miedo a mi, a mi conyúgue o a mi pareja?
    11. ¿Tengo que ayudarlo en lo que se supone que debería hacer solo?
    12. ¿Hace reiteradamente cosas que sabe que me enojan?
    13. ¿Suele hacer berrinches?

     

    Si tus respuestas son afirmativas en:

    6 o más de las preguntas, entonces TE URGE CAMBIAR

    4 o 5 de las preguntas, entonces TE ES NECESARIO CAMBIAR

    2 0 3 de las preguntas, entonces TE ES RECOMENDABLE CAMBIAR

    1 de las preguntas, entonces LO HAZ HECHO BIEN

    0 de las preguntas, entonces LO HAZ HECHO EXCELENTE O:

    NO CONTESTASTE LA VERDAD!

     

    Ya que hayas identificado el nivel de la necesidad de cambio, el primer paso es dejar las justificaciones y el “no puedo” de lado, por ejemplo: “no voy a poder dejar de ser enojona, porque tengo el carácter fuerte de los López”. En primer lugar, tal vez seas enojona o tal vez no, tus respuestas emocionales tienden a ser de esa forma, es decir en ocasiones te enojas, angustias y lo manifiestas de esta forma. En segundo lugar, es importante que comprendas que tu forma de actuar es producto de tu elección, es decir, es algo modificable según las cosas que asumas. A pesar de la costumbre, por medio de la conciencia y voluntad podrás cambiar y plantearte metas para mejorar la relación con tus hijos.

    Para cambiar un estilo disciplinario sigue estos pasos:

    1. Sé congruente, actúa de acuerdo a lo que dices.
    2. Sé consistente (hazlo todo el tiempo)
    3. Escucha más, no interrumpas para dar tu opinión, regañar o sermonear sin tener toda la información (es poco productivo). Trata de comprender la perspectiva de tu hijo; cuando tenga argumentos de peso podrás ceder un poco, cuando no manténte firme (tal vez desconoces como ser firme sin enojarte; si se puede!)
    4. Evita en tus opiniones mandar el mensaje de que eres dueño de la verdad, tú tienes tu versión pero no es la única.
    5. Clarifica los valores prioritarios y las reglas con tu pareja y después con tu familia. Es decir, no cambies día a día de acuerdo a tu humor. De acuerdo a la edad si hay cambios.
    6. Enfatiza las habilidades de tus hijos, no sus inhabilidades. Ayúdalos en sus áreas débiles y refuerza en sus mejores aspectos.
    7. Ten paciencia para que tu hijo haga las cosas a su propia manera y no como tú esperas que lo haga, siempre y cuando no esté de por medio su integridad física, mental o emocional.
    8. No le pegues, no le ofendas, no te burles de él. No es necesario para que te haga caso.
    9. Muestra tu afecto pero sé firme.

    Referencias:

    Schmill, V., Disciplina Inteligente, Ed. Edmax, México, 2003, 327 pp.

    1. No te manejes con chantajes ni con culpas.
    por Editorial

    Límites Extremos [Padres]

    septiembre 19, 2013 en Blog, Papás por Editorial

    Una de las causas frecuentes de una educación que tiende hacia lo agresivo es que como padres solemos pensar que los hijos son de nuestra propiedad y que tenemos derecho a tratarlos como queramos por el simple hecho de darles la vida, la educación, la comida. Hay que tener en cuenta, que la elección de concebir a un bebé es nuestra y que al momento de hacerlo estamos conscientes del compromiso que significa. Uno debe brindarle al hijo los recursos que le sean necesarios para un sano desarrollo sin esperar mucho a cambio, ya que esa es tu obligación como padre.

    “Los peores métodos utilizados para disciplinar tales como los golpes, el silencio, o el abandono sugieren falta de destrezas y conocimientos sobre la buena comunicación que resultan en pelear por el poder” (López Navarro en Velasco, 2006). A lo largo de los años ha sido muy difícil concebir a los hijos como entes individuales, ya que antes del siglo XX se utilizaban como mano de obra o como personas no deseadas o como objetos, pertenencias.  El camino para erradicar la violencia hacia los niños ha sido largo, pero se ha ido avanzando y se continúa en esta lucha. Desde el siglo XX, los niños tienen sus propios derechos (consúltalos!); tú puedes aportar mucho con tus actitudes y acciones! Si tu fuiste educado de alguna de estas formas, te costará trabajo respetar la individualidad de tu hijo y podrás abusar del poder de padre. Antes de perder el control, respira, date un tiempo para que te recuperes, trata de pensar fríamente en qué es lo importante y lo mejor en este momento para tu hijo, para tu familia y para ti. Cuando ya estés calmada ahora sí puedes tomar una decisión. Si no sabes que hacer recurre a una amiga, un especialista o una persona de confianza que te pueda proveer de un consejo objetivo.

    Asimismo recuerda constantemente en que la verdadera educación eficiente radica en colocarse en un punto intermedio (ni ser agresivo, ni ser permisivo); es decir, ni amastrear ni sobreproteger. Lo correcto es educar asertivamente, enfatizando los valores que sustentan tus decisiones como padre o madre. No te obsesiones con la obediencia, ni tampoco utilices el chantaje como arma principal.

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    Límites Extremos

    septiembre 19, 2013 en Blog, Todos por Editorial

    La forma de establecer límites son formas de actuar que cada uno elige para ejercer la disciplina en los niños. Hay diversos modelos, en ocasiones se suelen elegir los extremos (pasivo o agresivo), sin embargo estos no son funcionales ni asertivos. Lo que suele suceder es que cada uno dice: así soy yo, fuerte y agresivo o muy amigable. Es importante que tomes en cuenta que no siempre tienes que actuar de acuerdo con los patrones que asumiste de tus propios padres, tú no eres solamente eso, puedes cambiar tu conducta si entiendes el proceso o si no estás de acuerdo con ello. Tu forma de ejercer los límites repercute en el moldeamiento de la conducta de los niños y probablemente desarrollarán el mismo hábito.

    Un primer extremo es la agresividad. Los estudios demuestran que un tipo de aprendizaje realizado de esta forma juega un papel muy importante en la formación de una conducta agresiva. Es decir, la represión innecesaria genera agresividad, los adultos que de niños fueron maltratados y en exceso reprimidos son, de acuerdo a investigaciones, los que, con mayor facilidad maltratan. Educar con violencia es una forma de ejercer poder mediante el empleo de fuerza ya sea física, psicológica, verbal, etc. Imponer límites de esta manera es un intento de doblegar la voluntad del otro, anulando su calidad de persona para mantener el control. Existe una línea muy delgada entre ser firme y abusar del poder. Este tipo de educación lastima mucho a los niños, aunque a veces en un principio no se note. Un niño puede estar gravemente dañado desde el punto de vista emocional y no mostrar cicatrices exteriores. Interiormente se pueden sentir despreciados y además no entiende porqué los tratan sus padres de esa manera, a quienes él quiere y se supone que ellos los aman; lo cual repercute en su autoestima, la disminuye.

    Una educación a base de golpes y maltratos ocasiona que el niño aprenda a temer a los adultos con este tipo de actitudes a su alrededor y a veces deje de actuar y de desarrollar sus habilidades. De la misma forma les enseña que pueden ser violentos cuando quieran. Como adulto debes estar atento de no menospreciar la imagen del niño, sino ayudarle a que se conozca a sí mismo obteniendo una imagen realista de él y de sus actitudes y aptitudes. Es decir, invitarlo a la reflexión de sus conductas, en dado caso de que alguna de ellas sea negativa, imponer límites de forma asertiva y no agresiva, aunque suene difícil con cierta ayuda lo podrás hacer. En comparación, un niño que no ha sido educado a base de golpes ni gritos puede desarrollarse mucho mejor en el ámbito emocional y tener habilidades sociales, empáticas, confiar en los adultos que lo educan y en la vida en general.

    Otro extremo, es el tipo de límites permisivos. Son adultos demasiado blandos que no dan indicaciones y que no establecen reglas. De esta manera creen que les están demostrando mucho amor a sus hijos, lo cual no es necesariamente cierto, una educación amorosa debe ser equilibrada, debe incluir la protección y el contacto con la realidad, nadie puede hacer todo lo que quiere cuando quiere. Por ejemplo, el imponer límites representa un acto de cariño, ya que le estás otorgando el principio de realidad que necesitan y una estructura que le ayudará a desarrollar habilidades sociales, de comunicación, emocionales, que le asegurarán un mejor futuro. No poner límites, concederle todo a los niños puede resultar en una conducta dañina para ellos, ya que no aprenden a respetar a otros, ni siquiera a regularse ellos mismos; no saben parar, solo buscan su propia satisfacción. Siguiendo este tipo de autoridad les estarás enseñando a ser egocéntricos, egoístas y tiranos porque no saben tomar en cuenta las necesidades de otros, lo cual les causará problemas a corto, mediano y  largo plazo.